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DE BODEGONES, A LA ULTIMA CENA

La gastronomía es un arte, pero es que por más que se esfuercen los detractores de la idea de que gastronomía es cultura, esto es un hecho tan irrefutable que ni tan siquiera merece la pena seguir en la porfía.

Lo cierto es que esta ciencia, está presente continuamente en nuestra vida cotidiana, no solamente porque comemos tres o cuatro veces al día y porque es un motor que mueve nuestra economía en un gran porcentaje, si no porque existe toda una parafernalia a su alrededor que permite hacer toda serie de variaciones sobre el tema sin miedo a que alguien pueda hablar de oportunismo o de inadecuación.


La importancia que tiene la cocina para el ser humano está plasmada en lienzo, desde los bodegones hasta "La última cena" de Da Vinci. 



Algunos ejemplos de pintura son:

Velázquez en "La mulata" (óleo sobre lienzo, hacia1617. The National Gallery of Ireland. Dublín) nos muestra un auténtico bodegón con figura en el que en medio de fuertes contrastes lumínicos percibimos algunos objetos propios de cualquier cocina de la época: un perolillo estañado, una alcarraza, platos y escudillas, una jarra vidriada, un almirez e incluso una cabeza de ajos junto a él. Al fondo observamos la escena de la cena de Emaús. Con una prolongación del espacio similar a la de la obra "Cristo en casa de Marta".


También en su época sevillana el joven Velázquez, a través de la obra "Cristo en casa de Marta" ( óleo sobre lienzo, 1618-1620. The Trustees of the National Gallery.Londres),  nos muestra en el ángulo inferior derecho un detalle de una cocina sencilla con la preparación de una comida, en la que los utensilios de bronce y barro junto con el pescado, los huevos, los ajos y la guindilla, constituyen una naturaleza muerta de gran naturalismo. Naturalismo que se acentúa por los rasgos y actitudes de las dos mujeres de la izquierda. La escena que se percibe en el cuadrante superior derecho, con la variable interpretación (¿visión reflejada en un espejo?, ¿representación de la habitación contigua?…) confiere un mayor barroquismo en el conjunto del cuadro.


En "Las bodas de Caná" (óleo sobre lienzo,1650. Murillo, Barber Institute of Fine Arts, Birmingham), ante un fondo urbano insinuado y desdibujado por la cantidad de personajes que asisten a la conversión del agua en vino, se advierte el lujo de la mesa con suculentos postres del siglo, lo mismo que los novios y los personajes invitados a la boda cuya lujosa indumentaria contrasta con la sobria túnica de Cristo. El ambiente de festín que nos muestra resulta profano para el tema pero nos refleja sin duda el de los banquetes de la clase alta de la época.


Los plátanos, La comida (1891, Museo de Orsay, Oleo sobre lienzo). Gauguin representa en este lienzo una de las muchas escenas que llamaban su atención. Contemplamos a dos niños y una niña, sentados tras una mesa sobre la que hay un precioso racimo de plátanos rojos, dos recipientes, varias frutas y un cuchillo, elementos que se encuentran sobre varios manteles. Las figuras están ausentes, como asustadas ante el forastero que les observa, recortadas sus siluetas sobre una pared decorada con una cenefa. La mesa está levantada para que veamos lo que contiene, utilizando una perspectiva de arriba hacia abajo muy típica de Degas; los niños están vistos de frente, mezclando ambas perspectivas en un juego muy impresionista. Algunos elementos del bodegón de primer plano parecen estar pegados a la mesa como en el caso del cuchillo - marcando así la planitud típica de las estampas japonesas -, mientras que otros - como los plátanos o las frutas - resaltan su volumen recordando a Cézanne. El vivo colorido empleado y el primitivismo de los rostros caracterizan estos primeros años de Tahití.


Alvarez de Sotomayor, Comida de bodas en Bergantiños.
Óleo sobre lienzo,144x183cm.
Museo Real Academia de San Fernando.
Madrid.





 Hay una pierna de res enorme al lado de un gran trozo de jamón. A la derecha de estas carnes, hacia el centro de la mesa, se ve una lechuga verde oscura y un bloque de queso triangular, generoso y amarillo, casi blanco. El comedor está muy oscuro y el queso es lo que más se ve. En el extremo inferior derecho de la mesa hay cuatro o cinco peces, o tal vez son seis. Están amontonados, uno encima del otro. Atrás de los peces se adivinan unas frutas redondas, tal vez manzanas o duraznos. Cerca de estas frutas descansa un jarrón de cerámica de gran tamaño. Una mujer se aproxima a la mesa llevando una bandeja con bananos y otras frutas. La superficie de la mesa está llena, ¿a dónde va a colocar la comida?, se pregunta el espectador.
 
En 1934 Andrés de Santa María pintó un óleo sobre tela la escena con la que comienza este artículo. El título del cuadro es El mercado pero también se le conoce como El gran bodegón y se puede ver en la colección de arte del Museo Nacional, en Bogotá. Esta apetitosa obra de Santa María sin duda está en deuda con ese género de la pintura que se extendió en Europa a mediados del siglo xvi dedicado a componer escenas interiores con objetos inanimados: el bodegón o la “naturaleza muerta”. 



La Última Cena (en italiano: Il cenacolo o L’ultima cena) es una pintura mural original de Leonardo da Vinci ejecutada entre 1495 y 1497.
La pintura está basada en Juan 13:21, en la cual Jesús anuncia que uno de sus 12 discípulos le traicionaría .Jesús da a sus seguidores símbolos para recordar Su cuerpo y Su sangre, sacrificados por toda la humanidad. "Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: 'Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

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