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HORMONAS EN LOS ALIMENTOS

Recientemente se ha hablado mucho sobre el contenido de hormonas en los alimentos y su repercusión en nuestra salud, pero ¿realmente son tan nocivas?

Como todos sabemos, las hormonas son sustancias que segregan normalmente las glándulas de nuestro organismo con la finalidad de promover reacciones específicas como el crecimiento, el desarrollo de diversas funciones de nuestro cuerpo, la sexualidad, etc., sin embargo, también se encuentran en varios de los alimentos que consumimos y pueden tener repercusiones sobre nuestra salud.

Existen algunas hormonas de origen vegetal como son los fitoestrógenos provenientes primordialmente de la soya, los cuales pueden resultar benéficas para nuestro organismo, ya que en algunos casos pueden suplir la necesidad del reemplazo hormonal en mujeres menopáusicas y perimenopáusicas, si el ginecólogo así lo recomienda; además de resultar antioxidantes útiles para la prevención de algunos tipos de cáncer.

No obstante, la mayor parte de las hormonas que podríamos consumir a través de los alimentos pueden resultar nocivas para nuestro organismo, por lo que es importante saber qué alimentos pueden contenerlas.

El pollo, el huevo, las carnes de ganando, los lácteos y algunas variedades de pescado pueden contenerlas, esto se debe a que con frecuencia los ganaderos, los productores avícolas o los piscicultores se las proporcionan a los animales en pequeñas dosis con la finalidad de que desarrollen una mayor musculatura, es decir, que tenga más carne y menos grasa. Resultando así una carne de mayor calidad comercial, o una mayor producción de lácteos.

También se las proporcionan a las aves con la finalidad de promover su fertilidad y obtener más huevo; ya sea para su venta o para la producción de más pollos; y lo mismo llega a suceder con algunos pescados. Todo esto puede tener consecuencias para en el consumo humano.

Una de las hormonas más utilizadas es el clenbuterol, cuyo uso está autorizado como broncodilatador (para abrir los bronquios) en humanos; así mismo se utiliza en animales para el tratamiento de afecciones respiratorias y como relajante uterino en el parto.

Por sus efectos anabólicos sobre el incremento de masa muscular y la disminución de grasa corporal, el clenbuterol ha sido ampliamente utilizado entre los atletas de alto rendimiento, ya que además les aporta una mayor resistencia para el deporte; es por ello una de las sustancias buscadas durante la evaluación antidoping en las competencias.

El uso del clenbuterol es también ilegal en la alimentación animal, ya que se acumula en el hígado en grandes cantidades y en menor proporción en el músculo, por lo que el consumo de las vísceras conlleva un mayor riesgo que la ingesta de la carne.
 
Sabemos que cuanto más carnes rojas se come, en especial cortes con alto contenido graso (las cuales contienen grasas saturadas), mayor es la cantidad de grasas acumuladas en el cuerpo.

Una dieta rica en grasas saturadas y el consumo excesivo de hormonas, aunado a la herencia y a la tendencia a la obesidad, puede repercutir en diversas enfermedades de muy frecuente incidencia, como las enfermedades cardíacas o cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y una alta proporción de enfermedades articulares como la artritis y la gota, además de problemas glandulares, pancreáticos y hepáticos, y tendencia a desarrollar tumores, miomas o fibromas.

Según un reporte publicado en la revista médica Obstetrics and Gynecology, un grupo de investigadores llegó a la conclusión de que el consumo frecuente de carnes, puede determinar un incremento en el número de casos de fibromas uterinos de hasta 1.7 veces más de lo habitual.

Y como contraparte, un grupo de investigadores italianos realizaron un estudio con la finalidad de evaluar la influencia que la dieta ejerce sobre la fibromatosis de útero (miomas), y compararon la alimentación habitual de mujeres que padecían de esta enfermedad, con la alimentación de aquellas que no los tenían, y encontraron que consumir mayores cantidades de pescado, suficiente fibra proveniente de frutas, vegetales verdes y cereales integrales, disminuye un tercio, el riesgo de padecer esta patología.

Así pues, para cuidar nuestra salud y disminuir el riesgo de consumir hormonas a través de nuestra alimentación cotidiana, es recomendable reducir la cantidad de proteínas de origen animal que ingerimos, ya que no todos los productos de fuentes orgánicas que pudiésemos consumir, son 100% confiables. Además, hay que disminuir el porcentaje de grasas saturadas que éstos contienen ya sea eligiendo productos light, magros, desgrasados o descremados; evitar el hígado, vísceras y pellejos, procurando además elevar nuestro consumo fibra, a través de frutas, verduras, granos, leguminosas, nueces, almendras y cereales integrales, además de productos derivados de soya, ricos en fitoestrógenos.

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