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USOS GASTRONOMICOS PARA LAS MERMELADAS

Cinco ideas para usar mermeladas, al margen del desayuno

El cometido original de las mermeladas y confituras caseras es conservar las frutas de temporada, evitar que se estropeen y no desperdiciar la abundancia de los meses más generosos. Al igual que la fruta en almíbar, utiliza al azúcar como medio de conservación y permite disfrutar de la variedad y la calidad en cualquier momento del año. Si bien no son alimentos grasos, por razones obvias contienen muchos azúcares. Este es un rasgo nutricional para tener en cuenta, en especial cuando se intenta llevar una dieta hipocalórica o se padece diabetes. 

Aunque, en general, el consumo de mermeladas y confituras de frutas se circunscribe al ámbito del desayuno -en tostadas de pan, tortitas o crepes-, también podemos encontrar otros usos gastronómicos. Los siguientes son algunos de ellos: 

  • 1. Con paté y foie. Las mermeladas se pueden utilizar para contrarrestar sabores más grasos; por ejemplo, acompañando a los derivados del pato y oca, como el foie y paté. Es muy común servir foie fresco, ligeramente dorado a la plancha, y con una reducción de mermelada de uva roja o de frambuesa. Si usamos el foie en formato "micuit" (semiconserva), presentamos con unos panecillos para poder untar y luego, para el toque refrescante, podemos incluir unos trocitos de confitura de moras o de fresas.
 
  • 2. Con cuajada de foie. En la misma línea de sabores podemos elaborar una suave cuajada de foie. Esta consiste en triturar el foie con un poco de nata, calentar la mezcla a 45 ºC y dejar que se enfríe. Así conseguiremos una textura muy suave, idónea para colocar en un vasito -a modo de entrante- con una cucharadita de mermelada de manzana o mermelada de ciruela, aunque la combinación con mermeladas de frutos del bosque es la más acertada.

  • 3. Con carnes. Las mermeladas y confituras también casan de maravilla con otros productos cárnicos, desde el magret y el confit de pato, hasta el entrecot y el solomillo de vacuno o de corzo. Cuando cocinamos estas carnes a la plancha, a la brasa o al horno, va muy bien añadir un hilillo de mermelada reducida entre sus guarniciones y salsas de acompañamiento. Las de melocotón, albaricoque y naranja quedan muy ricas, puesto que son refrescantes cuando se untan sobre el bocado de carne.

  • 4. Con pescados. El uso de mermeladas frutales no es tan común con los pescados, sin embargo podemos destacar la mermelada de limón. El punto cítrico, ácido, marida bien con los sabores del mar. Asimismo, podemos elaborar una mermelada de tomate y ajo, muy adecuada para acompañar un pescado asado. La mermelada de albaricoque o la de melocotón con un toque cítrico (por ejemplo, con jengibre) también pueden ser buenas opciones para acompañar pescados o carnes blancas, como cordero, aves y hasta con asados de cochinillo.

  • 5. Con ensaladas y quesos. La combinación del dulce de las mermeladas con el sabor salado del queso es muy rica. Así, las confituras y mermeladas son muy interesantes cuando complementan una tabla de quesos, rematan un pincho o forman parte de una ensalada templada, que incluye queso feta (el típico griego) o de cabra. Las mejores elecciones: mermeladas de melocotón, de naranja y de albaricoque.
 

Usar las mermeladas como base de otras salsas


Más que ver a las mermeladas como un alimento terminado, podemos tenerlo en cuenta como un ingrediente para preparar salsas agridulces, incluso vinagretas. De hecho, esta es una manera estupenda de aprovechar hasta el último resquicio de un frasco de mermelada: vertemos en su interior un poco de aceite de oliva y vinagre, añadimos un toque de especias para dar notas de sabor, tapamos y agitamos, hasta que se mezcle bien. Con esta vinagreta, además de aprovechar los alimentos, conseguiremos mejorar las ensaladas más simples.

Otra opción es mezclar la mermelada con un poco de aceite, un toque de ketchup, tabasco y zumo de naranja, añadirle una pizca de sal ahumada y conseguir así una salsa barbacoa muy rápida y sabrosa para acompañar carnes, ensaladas o canapés.

Del mismo modo, podemos jugar con los ingredientes básicos que casi siempre hay en la cocina. Por ejemplo, tostamos un poco de pan, le añadimos una base de mermelada al gusto, unas gotitas de aceite de oliva, una pizca de sal, pimienta, un bolita de queso cremoso y una hojita de albahaca fresca. Con ello, habremos elaborado una tostada original y muy versátil que nos puede servir para un tentempié a media mañana, una sabrosa merienda o un entrante para la comida o cena. 

Fuente: http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/en_la_cocina/trucos_y_secretos/2014/03/03/219464.php

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