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ELABORACIÓN DE CARAMELOS


El olor a azúcar quemada, el colorido ambiente y una esencia de tradición se apodera esta época de la colonia Independencia, de este municipio, cuyas calles son adornadas por miles de caramelos de diferentes tamaños y colores.

El caramelo multicolor que agrada a los regiomontanos desde la década de los 30, trae a la mente de la población adulta un sinfín de gratos recuerdos, sin saber que sus creadores no son nativos de Nuevo León, sino que provienen de otros estados del país.

El tradicional bastón de dulce es la forma universal de esta golosina que ahora se comercializa en forma de pequeñas almohadillas, coloridas paletas circulares, con forma de estrella, corazones, e incluso de flores.

Pequeños o gigantescos, con dos, tres o hasta más de cinco colores en un mismo trozo del producto, además de diferentes sabores, todos ellos son favoritos de miles de oriundos e incluso de turistas que visitan estas calles.

A diferencia de las charamuscas, que son traídas desde Jalisco por algunos comerciantes, la tradición del caramelo se fabrica año con año en diversas casas que rodean la colonia Independencia de Monterrey, donde también se ubica la simbólica Basílica de Guadalupe.

Los espacios de las casas son rentados por grupos procedentes de lugares como San Luis Potosí, Zacatecas o Jalisco, que se instalan durante cuatro o cinco semanas para elaborar sus productos.

Casi en la esquina de la calle Libertad y la Calle Nuevo León, se encuentra una de esas "fábricas rodantes" de caramelo. En un cuarto, un grupo de cerca de ocho personas, hombres en su mayoría, encabezado por el señor Arturo Rodríguez, se encargan de elaborar este dulce artesanal.

Desde Matehuala, San Luis Potosí, estos comerciantes llegaron a Nuevo León a expender sus artículos a distintos negocios y locales que rodean el Santuario Mariano durante la época navideña, para después regresar a su ciudad.

"Nosotros duramos cinco semanas y ya nos vamos. Trabajamos hasta el 12 de diciembre y ya no volvemos a trabajar hasta el otro año", explicó el señor Arturo Rodíguez.

Sin tener un nombre en especial, el puesto del potosino lleva nueve años destinando más de ocho horas diarias a la creación de los bastones azucarados en la época decembrina.

Moldeando de manera fuerte y continua una masa azucarada de color blanco y morado, don Arturo detalló la receta que da vida a esos productos que son motivo de alegría en esta temporada del año.
El experimentado productor dio a conocer que se deben mezclar 10 kilos de azúcar con tres litros y medio de agua, después se pone a hervir a 68 grados de temperatura.

A la mezcla se le puede agregar un sabor, si es que se quiere, y el color para la presentación del producto; terminada la masa el trabajo será ciento por ciento a mano, "es por eso lo valioso de esta delicia artesanal".

Cuando la mezcla se convierte en una masa, después de manejarla por aproximadamente una hora, se le da forma y se adhiere otra pasta del color con el que se pretende combinar el caramelo.

Como parte del proceso, el señor Arturo estira y enrolla con sus manos la masa final hasta lograr el grosor que se quiere para el caramelo a elaborar y por último corta con tijeras las barras.

Después se toma la barra recién cortada y se le da forma de bastón, para luego introducirlo en su empaque de papel transparente para finalmente colocarlo para su venta.

En el cuarto, los artesanos elaboran alrededor de tres mil caramelos por día, del total unos mil se comercializan con los negocios de la zona.

El trabajo de este grupo de personas que da como resultado kilos de caramelo de variados colores y sabores se cotiza desde tres pesos, por caramelos individuales de tamaño estándar, hasta 50 pesos, que son los más tamaño gigante.

Las ventas de este producto ascienden a los dos mil 800 pesos por día, según estimaciones de don Arturo; sin embargo, aclaró que "la ganancia que obtienen no es mucha, debido a los gastos que les genera producir el dulce".

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